martes, 7 de octubre de 2014

Picando cerca

La revelación de que dos religiosas de la Orden de las Carmelitas llegadas al aeropuerto Monseñor Arnulfo Romero de la ciudad de San Salvador, en la hermana república de El Salvador, en el centro del continente, fueron puestas en cuarentena, no porque llegasen contagiadas por el ébola, sino como medida de prevención, obliga a considerar la posibilidad de que se difundan acciones destinadas a precaver el contagio, por las mismas razones que las monjas han sido aisladas.
    
En el hospital Presbiteriano de Dallas, en el Estado norteamericano de Texas, un enfermo de ébola se encuentra bajo tratamiento y se está localizando a cerca de un centenar de personas que tuvieron trato con el paciente, antes de que los inequívocos síntomas del letal virus apareciesen y determinaran la reclusión clínica del afectado.
    
Como puede notarse, África está lejos, pero no está en otro mundo y la facilidad de los viajes aéreos obliga a las autoridades de todos los países a instrumentar políticas que impidan que el ébola pase de Liberia, Senegal, Sierra Leona y Guinea a muchas otras naciones en todos los continentes, lo cual no resulta difícil de concebir de tener en cuenta que a Thomas Eric Duncan, el interno del hospital de Dallas, lo recibieron los médicos una noche y luego de un examen superficial, lo despacharon con una simple receta de antibióticos sin considerar por el lugar de procedencia, el malestar sentido y su ciudadanía, que el estado febril era eventual aviso de la maligna presencia del ébola.
   
Si tan enorme descuido aconteció en Estados Unidos, ¿qué no puede ocurrir en otros países en los cuales las ciencias médicas cuentan con menos recursos y posibilidades que las propias de los hospitales norteamericanos?
    
Por consiguiente, mejor es prevenir que tener que remediar.
 

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