martes, 23 de septiembre de 2014

Inseguridad ciudadana

La inseguridad ciudadana es una realidad y una percepción que cada vez es más sentida por la población. Así lo comprueban las encuestas, las cuales colocan este problema como el de mayor preocupación y prioridad de la gente. El problema no sólo se manifiesta en la elevada proporción de población afectada o víctima de la delincuencia y la criminalidad, sino que, en muchos casos de los hechos delictivos y criminales, aparecen casi siempre involucrados miembros de los organismos oficiales responsables de atacar la delincuencia y la criminalidad. Por su parte, la penetración y reproducción de los delincuentes y criminales dentro de los organismos oficiales, provoca el espanto de la ciudadanía porque ya no confía en las autoridades como agentes de seguridad, sino que la ve como una amenaza.
   
Por esas razones el problema de la inseguridad se hace más complejo y más difícil de abordar. En ese contexto, los operativos de profilaxis que continuamente se aplican, sobre todo en la Policía Nacional, sólo tienen una función mediática pero no parecen tener efectividad como para corregir la situación. La búsqueda de solución requiere de enfoques de mayor nivel de comprensión sociológica, más que de la simple y brutal estrategia de la “mano dura” o del “darle pa’ bajo” a “delincuenticos”, muchos de los cuales son ejecutados de forma caótica y arbitraria, violándose todo el Marco Jurídico por parte de sus ajusticiadores. Se trata de una solución que se enmarca en la vieja dialéctica del “crimen y castigo’, la cual justifica la acción criminal frente al crimen que violenta la ley.
   
La inefectividad de esa estrategia debería ser suficiente para ponernos a pensar en la necesidad de otro enfoque y otra estrategia. Para ello se debe partir de la consideración de que son los políticos los mayores responsables de las políticas públicas, y quienes deben hacer conciencia de que la modalidad del clientelismo y el patrimonialismo de Estado, no sólo hacen de los políticos una clase proclive a la delincuencia oficial de cara a la conquista del voto de sus simpatizantes clientelizados, sino que por esa inclinación favorable a la delincuencia oficial, generan el clima que favorece que las autoridades se conviertan en focos delictivos y corrompidos, al tiempo que como clase política desconectan la función pública del servicio público, así como de la función de promover con responsabilidad el desarrollo económico-social de la Nación. Esa pérdida de la misión y funcionalidad de la clase política, es la raíz de la ineficiencia del Estado para promover políticas que generen empleos de calidad y un clima de oportunidades, donde se redistribuya el crecimiento económico para que en el país se dé un clima de prosperidad que llegue a todos.

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