miércoles, 3 de diciembre de 2014

Seguridad y crimen

Para este miércoles las autoridades de seguridad del Estado anunciaron el inicio del Plan Seguridad 2014, con motivo del período navideño. Es un buen anuncio que ojalá no se quede en lo mediático, como ya es costumbre. Los operativos han sustituido la capacidad del Estado para manejar las políticas públicas, los planes, programas y proyectos. El inmediatismo y la improvisación han suplantado las disposiciones institucionales organizadas de carácter permanente y de ahí la ineficiencia de los órganos del Estado para  garantizar seguridad.
    
Precisamente este lunes pasado en el país pero con mayor incidencia en Santiago, se recrudecieron los hechos de sangre y de criminalidad que definieron este día como un “lunes sangriento”. En este día la prensa recogió una larga cadena de hechos violentos y criminales entre los que destacaron el ataque a tiros a un suboficial de la Policía en el parqueo de un establecimiento comercial, hiriéndolo de gravedad por sicarios que emprendieron la fuga, así como la muerte en otro tiroteo por bandas de delincuentes de un bodeguero recientemente llegado al país de los EE.UU en la comunidad de Don Pedro. Otros hechos de atracos violentos, feminicidios y muertes por accidentes de tránsito ensangrentaron este primer lunes del período navideño, todos los cuales constituyen un desafío y una burla para las autoridades con su Plan de Seguridad Navideña.   
    
Ese desafío no podrá ser enfrentado con eficacia mientras las autoridades y los dominicanos no hagan conciencia de que los fenómenos sociales, como el de la criminalidad y la delincuencia, son realidades asociadas a un modelo estructural que arrancó de un tipo de sociedad tradicional, como lo fue la República Dominicana de hace unas cuatro o cinco décadas atrás, que inició una larga transición hacia una sociedad moderna con un urbanismo de alta densidad y una estructura ocupacional diversificada pero precaria, procesos de cambios esos que desmontaron el sistema de control social basado en la socialización de la represión de la conducta de los individuos, pero que no ha sido sustituido por otro sistema de control que se fundamente en la educación y en el autocontrol de los individuos. 

Agravamiento del problema

En esa transición anómica, carente de patrones que orienten la conducta de los individuos, la frustración y la agresividad consecuentes han facilitado el surgimiento de la delincuencia y la criminalidad. A esa situación estructural se le adicionan la exposición del país al bombardeo intenso de los nuevos patrones de aspiraciones provenientes de los EE.UU, así como el narcotráfico y el crimen organizado que han penetrado el mundo de las autoridades, las cuales con mucha frecuencia se integran y participan de las actividades criminales y delictivas, originando lo que podría llamarse el “crimen uniformado”, el cual se legitima con la cultura del “darle pa’ bajo”, como consuelo a la criminalidad que espanta.
   
Hasta que no tengamos una comprensión modélica del crimen y la delincuencia y sigamos recreando las pautas represivas que desembocan en el “crimen uniformado” e ineficiente, la delincuencia y la criminalidad seguirán incluso profundizándose. 

¡Urge, pues, otro modelo de combate a la criminalidad! 

0 comentarios:

Publicar un comentario