lunes, 10 de septiembre de 2012

Responsabilidad social de la familia y obligatoriedad de la educación




El discurso del Presidente Danilo Medina llamó toda mi atención, pues sus palabras desde el majestuoso salón de la Asamblea Nacional renovaron las esperanzas de un humilde joven que sueña con un país libre de analfabetismo y con una educación de calidad. Nunca había estado tan en sintonía con las políticas de Estado. ¡Enhorabuena!
Asumiendo la importancia dada por Medina a la educación, a nuestro entender, es importante establecer el carácter de obligatoriedad a la educación en nuestro país, al menos hasta el nivel secundario.
Sé que encontraremos voces que nos dirán que las arbitrariedades no son buenas y que nadie puede obligar al otro a hacer lo que la ley no prohíbe. Pero en definitiva pienso que una de las razones fundamentales que promueven grandes desigualdades sociales son la falta de educación y hacernos de la vista gorda.
No hacer nada frente a este problema significaría lo mismo que dar pie a que sigamos promoviendo el estado asistencialista o la estado-dependencia del pueblo, auspiciando de alguna manera el incremento de la delincuencia en todas nuestras comunidades.
He de reconocer que encontraremos voces que opinarán que no necesariamente todo aquel que no estudia delinque, y coincido con ellos. Tenemos los casos de familias pobres que no tuvieron la oportunidad de lograr ningún grado de escolaridad y viven de la agricultura u otro oficio, con el sudor de su frente y sin tener que delinquir. Pero lo que nadie puede negar es que son más los casos en que la situación sí responde a esa condición.
Entiendo por ello que es pertinente y hasta prudente establecer políticas que orienten a todo un pueblo y concienticen respecto a la importancia de la educación, lo que significa esta para lograr el verdadero progreso de las sociedades, para salir de la pobreza extrema y su importancia para alcanzar al menos mayores y mejores oportunidades, pero en lo que esto llega, en lo que se logra, se hace necesaria la obligatoriedad de la presencia del niño y el joven en los planteles escolares.
En el campo o en nuestros barrios marginados de todo el país vemos como padres educan sus hijos hacia el inmediatismo de sus días, traspasando su animadversión a los estudios a sus hijos y allegados, colocando como prioridad llevar el sustento a casa y dejando de lado el abanico de oportunidades que pudiera abrir a nuevas generaciones de familia la inserción de éstos a la escuela, les colocan el sello del fracaso social y les condenan a vivir y a perpetuar el círculo de la pobreza.
Como Estado, creo que estamos obligados a implementar programas de educación especial y de nivelación para esos adultos, simultáneamente al de concienciación, sembrar en ellos el sentido de la importancia de lograr grados de escolaridad, al menos básicos en sus futuras generaciones y en ellos mismos, nunca es tarde para aprender, las butacas de la escuela no evalúan edad, sino desempeño. Hay que obligarlos a ser responsables con sus hijos y con la sociedad misma.
Combatir y erradicar el analfabetismo no es responsabilidad única y exclusivamente del Gobierno. Es también responsabilidad de la sociedad y la educación no debe verse como un derecho, sino como un deber de cada ciudadano. Tenemos que emplearnos a fondo para concienciar a la gente de la importancia de educarnos, pero en lo que logramos esos niveles de conciencia, la obligatoriedad es una necesidad.

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