domingo, 9 de septiembre de 2012

Obama: 'Nuestro camino es más duro, pero lleva a un lugar mejor'


En su sobria apelación a los votantes para que le den una segunda oportunidad, Barack Obama pidió este jueves paciencia. Arrepentido de las expectativas que él mismo alimentó y que lo encumbraron en 2008, el presidente reconoció que aún se avecinan años duros. Entre sus retos mencionó que "hay que contener la crisis de Europa".
"No voy a fingir que el camino que ofrezco es rápido o fácil. Nunca lo he hecho. No me elegisteis para que os dijera lo que queríais oír. Me elegisteis para que os dijera la verdad. Y la verdad es que nos va a costar más que unos pocos años resolver los problemas acumulados durante décadas", dijo ante más de decenas de miles personas que ya llevaban más de cinco horas aplaudiendo y gritando cuando llegó su candidato. "Nunca dije que el camino fuera a ser fácil, y no os prometeré ahora. Sí, nuestro camino es más duro, pero lleva a un lugar mejor. Sí, nuestro camino es más largo, pero lo recorreremos juntos. No miramos atrás. No dejamos a nadie atrás", recalcó.
Obama habló de aquella noche en la convención de 2004 en Boston donde, como aspirante al Senado, electrizó con un discurso lleno de ideales, de promesas de bipartidismo y de esperanza. "Ocho años después, la esperanza ha sido puesta a prueba. Por el coste de la guerra, por una de las peores crisis de la historia y por el bloqueo político que nos ha dejado preguntándonos si todavía es posible resolver los problemas de nuestro tiempo", dijo Obama, con tono suave, más íntimo. "Los tiempos han cambiado desde la primera vez que hablé en esta convención. Los tiempos han cambiado y yo también. Ya no soy sólo un candidato, soy el presidente", suspiró, casi con susurro al final. El discurso de este jueves era más apagado, casi tristón. Utilizó 15 veces la palabra «empleos», diez la palabra «Gobierno» y siete la palabra «cambio».
'Sí, nuestro camino es más largo, pero lo recorreremos juntos. No miramos atrás. No dejamos a nadie atrás'
El presidente trataba de ser serio. Temeroso de la lluvia, cambió el estadio fútbol de 74.000 asientos al aire libre previsto por un auditorio más modesto de 20.000 que al final sirvió a sus propósitos: una escena más austera, y a la vez más íntima y abigarrada. Los delegados llenaban impacientes los pasillos y cada silla del auditorio. Aplaudieron y gritaron ante su presidente, aunque no hubo tantos chillados, carcajadas y lágrimas como la noche anterior con Bill Clinton. Ni tanta emoción como la que despierta la esposa del presidente. Por su popularidad, Michelle se subió de nuevo al escenario este jueves para presentar a su marido. «El amor de mi vida», dijo ella.
Obama también pronunció un "te quiero" para su mujer ante las cámaras, pero éste fue casi el último detalle personal de su discurso, más centrado en el debate sobre la dimensión del Estado, la crisis económica y la decepción de sus votantes.

Emular a Roosevelt

El presidente sugirió un 'New Deal' que contrasta con la receta de los republicanos de recortar más el gasto público y pretende apuntalar el Estado del Bienestar. Obama dijo que apostará por "la experimentación perseverante que Franklin Roosevelt persiguió durante la única crisis peor que ésta". Contestó a las quejas de los republicanos: "No creemos que el Gobierno sea la fuente de todos nuestros problemas, no más que los receptores de ayudas, las empresas, los sindicatos, los inmigrantes, los gays o cualquier otro grupo que nos hayan dicho que tenemos que culpar por nuestros problemas". La mención a los gays fue una de las que levantó a las más de 20.000 personas dentro del auditorio.
Obama prometió que el destino de un tiempo mejor no está tan lejos, pese a que el país tenga ahora unos 13 millones de parados, dos millones más que en enero de 2009, cuando él tomó posesión. El candidato demócrata aseguró que el sufrimiento servirá para algo y que la crisis de los últimos cinco años ayudará a mejorar los fundamentos del crecimiento para que sean "más fuertes" y para haya "más oportunidades" para todos. Según los demócratas, el programa ofrecido por los republicanos lleva a una sociedad en la que "el ganador se queda con todo". Obama argumentó que quiere subir los impuestos a quienes ganan más de 250.000 dólares (unos 200.000 euros), para llegar a la misma tasa que se pagaba durante Clinton, su nuevo gurú económico.

Dos caminos para América

Ambos partidos aseguran que los comicios del próximo 6 de noviembre afectarán a la vida de los estadounidenses durante generaciones. "La elección que afrontáis no sólo es entre dos candidatos o dos partidos. Es la elección entre dos caminos diferentes para América", proclamó Obama, que bromeó sobre las únicas recetas que, dice, se le ocurren a los republicanos: "¿Tienes superávit? Recorta los impuestos. ¿Un déficit demasiado alto? Intenta otro".
También recordó sus logros en política exterior, como la retirada de Irak. Una de las frases más aplaudidas fue «un nuevo rascacielos está creciendo en Nueva York, Al Qaeda va camino de la derrota y Osama Bin Laden está muerto». El presidente hizo nuevas promesas, pero menos mágicas y más pragmáticas que hace cuatro años: un millón de empleos industriales de aquí a 2016, 100.000 nuevos profesores de matemáticas y ciencias en una década, el recorte de las importaciones de petróleo a la mitad y la reducción del déficit público en cuatro billones de dólares (el equivalente ahora a 3,2 billones de euros). También se comprometió a reducir las emisiones de efecto invernadero, aunque sin detalles.
'Un nuevo rascacielos está creciendo en Nueva York, Al Qaeda va camino de la derrota y Osama Bin Laden está muerto'
Más humilde que en 2008, Obama pidió "ayuda" en unas elecciones que él mismo describió como "ajustadas". "Si compráis el cinismo de que el cambio por el que luchamos no es posible, el cambio no sucederá", proclamó. Ya de pasó aprovechó para pedir sutilmente dinero porque los que están "intentando comprar estas elecciones" escriben "cheques de diez millones de dólares" a su oponente.
El final del discurso fue poco emotivo. Los Obama y los Biden se retiraron rápidamente y ni siquiera cayeron del techo los clásicos globos, que no estaban preparados porque el discurso tenía que haber sido en el estadio al aire libre. Después, tampoco hubo música ni baile. Muchos delegados se fueron con prisa, sin escuchar la bendición final del cardenal de Nueva York.
El momento de escalofrío de la noche no lo provocó Obama. Fue el juramento a la bandera que hizo Gabrielle Giffords, la congresista de Arizona tiroteada en enero de 2011. Estuvo a punto de morir y hoy le cuesta moverse y hablar con fluidez. Giffords entró renqueante en el escenario, andando despacio con unos zapatos especiales, y sin poder mover el brazo derecho. Pronunció el juramento mientras el público recitaba con ella. Miles de personas en pie aplaudían y lloraban. La congresista se retiró igual de despacio. Detrás del escenario, la esperaba su marido, astronauta. La abrazó.

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