martes, 30 de octubre de 2012

Que Dios meta su mano

Nurys Rivas

Nuestro país no escapa a la situación que envuelve al mundo, lo viven grandes naciones situadas fuera de la franja marcada como tercer mundo, lejos de las penurias padecidas por países que pequeños o no, que por razones diversas, han vivido bajo la huella común de miseria y dominio abusivo de regímenes dictatoriales.
    
La humanidad  lucha contra la atmósfera violenta que cubre como un manto a grandes urbes y pequeñas ciudades. La destrucción de valores, la pérdida de los principios en los que una vez se fundamentaba la sociedad, mantiene preocupados a los gobiernos y la inquietud abate a la familia.
    
Leer la prensa se ha convertido en la diaria tortura de tener que enterarse de nuevas modalidades de violencia que nos estremecen, crímenes, robos, secuestros, violaciones que envuelven no solo a personas adultas, sino en los que hasta niños y adolescentes se involucran.
    
Niñeras que asesinan pupilos bajo su cuidado, padres o madres que matan a sus hijos o al revés, tíos, hermanos, parecería una trama donde se implica el ser humano en general, y esto sin tocar la muerte de mujeres a manos de sus parejas, que es tal vez la circunstancia que ha arrancado mas vidas de mujeres.
    
En nuestro país existen además los accidentes de tránsito,  catalogados como otra de las principales razones de muerte.
    
Son aterradoras las noticias que a diario dan cuenta de accidentes de tránsito, yipetas, patanas, camiones y toda clase de vehículos, constituyen armas letales que está acabando con la vida de muchos dominicanos.
    
Se impone un profundo análisis, investigar a fondo que está fallando, si estos accidentes se deben a problemas técnicos, malas carreteras, errores humanos, podría ser una mezcla de todo. Existe irresponsabilidad en conductores que mediante su inconciencia, hacen perder muchas vidas. 
    
Si a todo esto sumamos los eventos de origen natural como son huracanes, temblores de tierra y otros, nos daremos cuenta de que estamos ante un panorama que mueve a preocupación.
    
Acabamos de ser azotados por Sandy, el huracán que transitando de país en país, ha asolado el Caribe y sigue con fuerza hacia Estados Unidos, un triste saldo de muerte, inundaciones, destrucción y cientos de personas pobres que han perdido las pocas pertenencias que tenían y han debido ser ubicadas en sitios de acogida.
    
Todo evento que arranque una sola vida, es un flagelo, en el caso nuestro sin embargo, aún considerando y deplorando la muerte y destrucción padecidas, debemos admitir que durante las últimas temporadas ciclónicas, en comparación con países vecinos, hemos sido protegidos por la mano de Dios.
    
Ante los fenómenos naturales, la mano del hombre, el más terrible de los depredadores, solo resta pedir que Dios continúe metiendo la mano por esta tierra y su gente. 

0 comentarios:

Publicar un comentario