jueves, 21 de noviembre de 2013

Monopolio del poder

El Presidente Maduro de Venezuela obtuvo del Congreso de ese país la aprobación de la Ley habilitante que lo autoriza a gobernar por decreto durante un año, para hacerle frente a la corrupción y a la guerra económica que los grupos oligárquicos, según el gobierno, llevan a cabo para desestabilizar el régimen político en esa república sudamericana.
   
De esa manera el grupo gobernante de Venezuela concentra y monopoliza todo el poder político, con lo cual se interpreta, desde la óptica de la democracia capitalista clásica, que la democracia en Venezuela se encuentra herida de muerte, cuando los principios de la separación de los poderes, así como el de la alternabilidad, la transparencia y la tolerancia para garantizar la concurrencia de partidos y la libertad de asociación ciudadana y partidaria, se ven conculcados, como consecuencias del monopolio del poder y el consecuente totalitarismo que apunta a eliminar el debido contrapoder fundamento del juego democrático.
   
La lección de Venezuela sirve de referencia patética para que los dominicanos asuman conciencia de que un camino similar está transitando el régimen político dominicano, cuando el grupo gobernante protagonizado por el PLD, por otra vía y otros mecanismos, ha logrado controlar no sólo todas las fuentes del poder político del Estado, sino que también se ha convertido en una nueva oligarquía económica. Sobre esa base ha establecido con elevada genialidad las condiciones materiales que le han permitido monopolizar el poder y manipular la situación  del país, a través de un amplio aparataje mediático con el que se busca hacer desfallecer toda expresión de disidencia, junto con la desaparición de la oposición, con lo cual el grupo gobernante se levanta como poder todo poderoso, único y total.
  
La similitud con Venezuela tiene sus diferencias: La monopolización del poder en Venezuela persigue establecer un nuevo régimen que sustituya el capitalismo imperial por el nuevo “socialismo del siglo XXI”; se busca también transferir el poder desde las oligarquías a las fuerzas revolucionarias; y finalmente se propicia un estado de bienestar para todos, especialmente para los pobres.
   
En el caso nuestro, la gestión política se ha enmarcado en el capitalismo neoliberal, promoviendo una economía cuyo dinamismo ha servido para favorecer  y enriquecer a las viejas u nuevas oligarquías, pero acentuando la desigualdad y la pobreza que se refuerzan con la masiva y empobrecida inmigración haitiana y con la baja calidad de la educación y de los demás servicios públicos. De esa forma se han reforzado las dos características más sobresalientes de la dominicanidad: la pobreza y la ignorancia, a lo que se le ha agregado el afán por el dinero fácil. 

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