jueves, 25 de julio de 2013

Un tema lejano


La prensa nacional trae como información la decisión del Congreso de los EE.UU, autorizando al Presidente Obama para suministrar armas a los rebeldes sirios que luchan en contra del gobierno de ese lejano país del medio oriente. Simultáneamente, la prensa española trae la información de que el Pentágono ha presentado al Congreso su conclusión de que se desista de intervenir militarmente en Siria, bajo el argumento de que ninguna de las alternativas evaluadas será decisiva, al tiempo de muy costosas para los EE.UU, con lo cual se pondrían en peligro otras iniciativas de ese país en materia de seguridad nacional.
Las dos informaciones no son contradictorias como se podría interpretar. Una cosa es apoyar con armas a los rebeldes y otra diferente es la intervención militar directa. Sin embargo, lo que nos debe llamar la atención es la forma tan natural, de total legitimidad fáctica, con que se discuten y se deciden temas de intervención del gobierno de los EE.UU en los asuntos internos de otras naciones.  
Esa situación pone al descubierto a todas luces, la debilidad del marco jurídico internacional, donde los principios de autodeterminación y soberanía de los pueblos, su libertad y sus derechos humanos, ya no son las normas internacionales que rigen las buenas relaciones entre las naciones para garantizar la paz y la sana convivencia, sino que son los intereses económicos y militares estratégicos los que determinan con toda naturalidad las decisiones sobre intervención y guerra entre los pueblos. Los ideales de la civilización occidental ruedan por el suelo ante los intereses materiales de los grupos dominantes de la economía mundial.
La teoría crítica del desarrollo identifica a este nuevo orden como la dialéctica de la economía de guerra y de la muerte, donde necesariamente son negados los derechos humanos y de las naciones, los cuales quedan subordinados a los designios de los intereses que emanan de las grandes corporaciones que dominan los gobiernos del imperio y cuya rentabilidad en crecimiento y concentración exige la guerra y la muerte contra toda liberación y emancipación de los pueblos. Esa lógica del “nuevo orden mundial” la vivimos en pequeño en nuestra Nación, la cual ha caído en un estado de violencia, casi enloquecido y con total desprecio por la vida, consecuencia también de los designios de ese “nuevo orden mundial” neoliberal. 

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