jueves, 5 de junio de 2014

Ataques de la informalidad

La posibilidad de que el Estado y el Gobierno puedan llevar a cabo acciones que mejoren su capacidad de respuestas frente a los diversos y variados problemas que afectan a la población, exige de los órganos del Estado un alto nivel de “organización”  racional y formal del trabajo, donde se coordine con eficiencia y efectividad el trabajo de todo y cada uno del personal que se desempeña en dichas dependencias públicas. Precisamente, el Estado resulta ineficiente en muchas de sus operaciones, por el bajo nivel de organización para el trabajo racional y formal, y  por el alto nivel de informalidad por donde pululan variados intereses que gravitan  en los diferentes ambientes institucionales.    
    
Esa realidad, que es al mismo tiempo una barrera para la organización del trabajo en los ambientes públicos y privados, tiene su origen en la base social dominicana, cuya personalidad social se forma esencialmente en los ámbitos de las relaciones primarias e interpersonales, de donde surgen orientaciones  para el comportamiento regidas por lo emocional y lo afectivo, ingredientes a través de los cuales se mutan los diversos intereses para el logro de objetivos particulares. El amiguismo y la informalidad son expresiones vividas y preferidas en la consecución de propósitos. Ese hombre que así se forma y se orienta ve en los esquemas del trabajo “organizado” más que una herramienta para un accionar eficiente, un obstáculo que dificulta el logro de cosas. Se prefiere la vía informal y afectiva y no la vía formal y racional de la organización. Se desprecia, así,  el “hombre organización” y se aprecia el “hombre macondo” creador del “realismo mágico”.
    
Resultan comprensibles, entonces, el desprecio por la Ley  y la vía institucional, que implican respuestas dentro del esquema de la “organización y del “hombre organización”.  Por eso no es de extrañar que el dominicano en su ambiente, se sienta tentado a violentar la Ley y todo aquello que encierre conducta organizada con racionalidad y formalidad. Su misma forma de comunicación y de uso del lenguaje físico y oral privilegia la informalidad y la conducta “chabacana”.     

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