lunes, 23 de junio de 2014

POR UNA ESPAÑA UNIDA Y PLURAL



 
El recién proclamado rey de España, Don Felipe de Bordón, Príncipe de Asturias, llega al trono como Felipe VI en uno de esos instantes en los que la España secular saca de sus entresijos aquellas muestras de divergencia que le impidieron ser el gran imperio del descubrimiento o la gran nación federada del mundo; y lo saca no solamente por las batallas de opinión pública que libran muchos catalanes por su separación, sino por vía de conseguir que renazca el interés por la república en lugar de la monarquía.

Bastó que el padre del nuevo rey, Juan Carlos I -desde la semana pasada Don Juan Carlos de Borbón-, anunciase la abdicación, para que se levantasen las voces de los que esperan sustituir la monarquía por la república sin que aparezca con claridad cuál resultaría al final la diferencia, pues de todas maneras en la España de hoy, el rey ni manda ni gobierna.
    
La España del descubrimiento tuvo una historia negra escrita por españoles y no por pensadores de los reinos europeos de la época que eran sus contrarios, y con razón, sin duda, no fue necesario que desde otros países se magnificasen los sucesos propios del descubrimiento y la conquista, sucesos que hoy se contemplan como atropellos más intolerables, precisamente debido a esa historia negra contada por escritores españoles.
    
España tiene una oportunidad de crecerse sobre sus errores del ayer y la figura de Felipe VI podría ser la oportunidad que en muchas páginas del pasado ella misma se defraudó. Por supuesto, todo dependerá del nuevo monarca. Aunque también dependerá de España.
 

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