jueves, 12 de junio de 2014

Muro y atraso

No bien se ha iniciado el Plan Nacional de Regularización de los inmigrantes con relativo éxito y algunas dificultades comprensibles, cuando ya la opinión pública está siendo zarandeada por otra iniciativa, como lo es la construcción de un muro en la frontera. La iniciativa, pese a que viene a desconcentrar a las autoridades de su misión de echar hacia delante el Plan de Regularización, no es del todo mala si la vemos desde la perspectiva de que la misma señala la necesidad de que se establezca en la frontera, mediante un proyecto, un verdadero sistema de control de frontera.   
    
No obstante, la idea del muro en sí misma no sólo resultaría una distracción para que todo siga igual, sino que refleja una mentalidad atrasada que siempre ha confundido el desarrollo (social, económico e institucional)  con la construcción de infraestructuras físicas (edificios, carreteras, puentes. elevados y túneles) como si éstos fueran los indicadores de la prosperidad. Esa mentalidad de ingenieros y ferreteros viene desde Trujillo, siguió con Balaguer y se maximizó con Leonel, todo ello para que se llegara a la conclusión, de acuerdo al Banco Mundial, de que en nuestro país se ha dado el crecimiento pero sin prosperidad, es decir sin desarrollo. 
    
Ya sabemos que ese resultado se ha complementado con otros como son: un debilitamiento institucional pese al avance normativo en papeles contenidos en leyes que en su mayoría son violadas;  una alta inseguridad ciudadana causada por el avance de la delincuencia y la criminalidad; una incapacidad creciente del Estado para ofrecer servicios públicos de calidad; y una protesta social atomizada y generalizada en todo el territorio nacional. 
    
Las obras físicas si no se acompañan de una adecuada concepción teórica del desarrollo no resuelven ningún problema, con excepción del enriquecimiento de algunos políticos y empresarios que las han aprovechado para acumular riqueza mediante la corrupción y un estado de impunidad generalizada. Dentro de ese estado de cosas: ¿qué podría hacer un muro físicamente levantado  en la frontera, si no existe la institucionalidad y los grupos organizados de autoridades que hagan efectivo su buen funcionamiento a los fines de controlar la desguarnecida frontera? 

En vez del atraso

Por eso la idea del muro, que como voluntad de control es buena, debería reformularse para que en vez del muro se formule y se ponga en ejecución un proyecto de desarrollo institucional fronterizo dirigido a fortalecer las comunidades nacionales a lo largo de esa  zona, al tiempo que se consoliden y preparen de forma articulada las instituciones del Estado (Ejército, Migración, Aduanas, Salud Pública, Agricultura) para elevar su capacidad de respuestas para llevar a cabo el debido control en el trasiego de gente y mercancía por la frontera.  
    
Ese es el proyecto por hacer, el cual unido al Plan de Regulación y luego con un programa de repatriación organizada, respetuosa y permanente, sería lo que la racionalidad nacionalista recomienda para resolver la preocupación de los dominicanos por el problema haitiano.  

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