viernes, 7 de junio de 2013

Un país maravilloso hasta que se necesita


Muchas veces estos artículos son resultados de observaciones de comportamientos, de experiencias y sobre todo de conversaciones cotidianas que sostengo con amigos y amigas sobre diversos temas. En esta ocasión este artículo es el resultado de una conversación que sostuve con un amigo el cual vive preocupado al igual que yo y me imagino que muchos de ustedes por las diversas situaciones que a diario tenemos que experimentar en nuestro sistema de país.
    
El me decía que este es un país maravilloso en comparación con la realidad que viven muchos países de la categoría en vía de desarrollo como es el nuestro. Tenemos playas, ríos, montañas, una fauna y flora envidiable, cambiante y exótica al mismo tiempo a pesar de la poca conciencia ecológica que tenemos. Gozamos todavía de la cordialidad de la gente a pesar de que la delincuencia y la violencia nos ha obligado a ser más precavidos y menos solidarios.        

Cualquier día del calendario podemos saborear un exquisito sancocho, disfrutar una fría cerveza y bailar un contagioso merengue al pie del Monumento, como es nuestro caso, o en cualquier rincón del país donde estemos.
    
Todo es maravilloso y si sigo mencionando maravillas no me dan las líneas. Ahora bien, cuando nos vamos a la parte en la cual necesitamos de que el País institucionalmente hablando nos responda nos encontramos con la desgracia de que esa maravilla se convierte en pesadilla porque simplemente nuestras instituciones son meras estructuras físicas infuncionales e ineficaces.
   
 Cuantas “crujías” tiene que pasar la ciudadanía común para resolver la situación más elemental que se le pueda presentar en su diario vivir.  Cuanta burocracia y requisitos para resolver situaciones simples.  Con cuantas personas, directores, funcionarios hay que hablar para que le firmen cualquier documentación y continuar un expediente cualquiera.
    
Solo hay que necesitar el País como dice mi amigo para que se le vaya la característica de maravilloso.

Todavía siguen funcionando los amiguismos y clientelismos en la mayoría de las instituciones públicas.  Sigue imperando la ley de la desorganización y falta de gerencia y la excusa principal es que no hay presupuesto para resolver.  Los funcionarios y funcionarias de esas instituciones nos siguen tratando como si le estuviésemos pidiendo un favor y no como las personas que le pagamos su salario a través del pago de nuestros impuestos.
    
Un sistema judicial servil de los poderosos, solo hay que ver las últimas decisiones tomadas recientemente con el caso de Bahía de Las Águilas, donde la jueza presidenta del Primer Tribunal Colegiado del Distrito Nacional se despacha enviando a archivar este expediente y a declararlo extinto. Una decisión desastrosa y que debe avergonzar a todo aquel que se respecte y se llame dominicano.
   
Ni hablar de la ausencia de seguridad social y ciudadana que es otro tema que ya hemos tratado en múltiples ocasiones.

Lamentablemente así es nuestro país, maravilloso hasta que necesitemos de el ¿ y qué vamos hacer? Dígame usted.

La autora es abogada y docente universitaria.

0 comentarios:

Publicar un comentario